Cómo crear una página web (y la historia de quien acabó haciéndolas)

Escritorio de trabajo que muestra un plano de arquitectura junto a un monitor moderno con código de programación y un ordenador retro, simbolizando el paso de arquitecto a desarrollador web.
Resume este contenido con IA:

Tenía diez años y delante de mí había un Spectrum. En el colegio ya empezaban a aparecer los primeros programas didácticos. Todo era rudimentario, casi absurdo visto desde hoy, pero ahí escribí mis primeras líneas de código en BASIC. Poco después mis padres me compraron un Commodore 64. Hice algunos programas, sí. Pero seamos honestos: sobre todo lo usaba para jugar con un amigo. Con los años el Commodore pasó a mejor vida y me olvidé completamente de todo aquello. Me esperaba otro camino que, sin saberlo, acabaría siendo el mismo.

De los planos en papel al código en pantalla

Desde pequeño destacaba en dibujo y se me daban bien las matemáticas. En casa de mi padre había un libro de arquitectura: palabras técnicas, planos de casas, proporciones, secciones. Me fascinaba. Creo que fue entonces cuando asocié mis dos aficiones sin darme cuenta, y así acabé estudiando arquitectura.

Lo curioso es que la programación me encontró de nuevo durante la carrera. Las calculadoras programables estaban permitidas en los exámenes, y yo me puse las botas: escribí programas para cálculo de estructuras, para instalaciones de fontanería, para dimensionar instalaciones de energía solar. El BASIC de los diez años seguía ahí, esperando. No se había ido, solo estaba dormido.

Acabé la carrera en 2007. Un año después llegó la crisis del ladrillo y con ella el fin de la empresa en la que trabajaba. En 2009 me quedé sin trabajo. Fue entonces, con tiempo y necesidad por delante, cuando hice mi primera web.

Renov-Arte: 25.000 visitas y una lección cara

La web se llamaba Renov-Arte. Era un proyecto sobre energías renovables para uso doméstico, construido en Joomla. En su momento tuvo bastante repercusión: llegó a las 25.000 visitas mensuales y monetizaba con anuncios de Google. Para alguien que nunca había hecho una web en serio, aquello era una señal.

Pero no supe sacarle más partido. Requería más mantenimiento del que podía darle y, aunque generaba algo de dinero, no era suficiente para vivir de ello. Con todo lo que sé ahora, habría hecho las cosas de forma muy diferente: habría construido desde el principio con una estrategia de SEO más clara, habría monetizado de otras formas, habría delegado el mantenimiento técnico. En aquel momento no sabía lo que no sabía.

Tener visitas no es tener negocio. El SEO importa desde el primer día, no cuando ya tienes el problema encima. Y si no tienes un modelo claro de cómo esa web va a trabajar para ti, acabará siendo tú quien trabaje para ella.

Mientras tanto, empecé a hacer webs en WordPress: primero para amigos, luego para amigos de amigos, luego para desconocidos que llegaban por recomendación. Estudié PHP y JavaScript para poder añadir funcionalidades. Cada proyecto nuevo tenía algo que no sabía resolver, y eso, en lugar de frustrarme, me enganchaba más. Vi que tenía una capacidad para aprender rápido cuando el problema era real y concreto, no cuando era solo teoría.

La decisión que cambió todo

En 2012 creé PlaneaWeb. Pero al poco tiempo me di cuenta de que mis conocimientos tenían un techo y que para hacer bien esto necesitaba derribarlo. Así que tomé una decisión que a mucha gente le parecería rara: dejé de trabajar por libre y me matriculé en un Grado Superior de Desarrollo de Aplicaciones Web. Dos años estudiando. Sin dudas: era exactamente lo que necesitaba hacer en ese momento.

Fue la mejor inversión de aquel período de incertidumbre. No solo aprendí a programar con estructura, sino que entendí por qué las cosas funcionan como funcionan, que es lo que te permite resolver problemas que nunca has visto antes.

Al terminar, empecé a trabajar para una empresa desarrollando aplicaciones a medida. PlaneaWeb quedó en pausa. Estuve así diez años. En 2024 la empresa cerró, y volví a empezar como autónomo. Volví a PlaneaWeb. Y aquí estoy.

Por qué un arquitecto hace mejores webs de lo que parece

Cuando empecé a hacer webs en serio vi algo que no había buscado: la arquitectura y el diseño web son el mismo oficio con distinto material. En arquitectura organizas espacios físicos: piensas en quién va a vivir en ese espacio, cómo se va a mover por él, qué necesita encontrar y cuándo. En diseño web haces exactamente lo mismo, pero en un entorno digital.

La estructura, la jerarquía visual, la usabilidad, el recorrido del usuario por la página… todo eso lo había estado entrenando durante años sin saberlo. Pasé de organizar y decorar espacios físicos a organizar y decorar espacios digitales para mis clientes. La lógica es exactamente la misma.

El diseño web bien hecho no va de hacer páginas bonitas. Va de entender cómo se mueve una persona por un espacio, qué busca, qué necesita encontrar. Eso es arquitectura. Por eso los mejores diseñadores web piensan más como arquitectos que como diseñadores gráficos.

Lo que nadie te cuenta sobre crear una página web

Una de las cosas que más escucho de los clientes es que cambiar un botón de sitio o mueve este bloque y ponlo ahí, es «un momento». No se dan cuenta de la complejidad real que hay debajo de lo que ven en pantalla. Una web no es una maqueta estática: es un sistema vivo, con dependencias, con lógica, con código que interactúa con más código.

Un ejemplo concreto: hace un tiempo un cliente me trajo un proyecto que le habían hecho mal. El problema central era un catálogo interactivo que no funcionaba bien. El programador anterior había escrito más de 2.500 líneas de código para resolver algo que, analizado con calma, se podía haber hecho con unas 300. No era mala intención, era falta de criterio técnico. Pero el resultado era el mismo: una web que fallaba, que nadie entendía cómo mantener, y un cliente frustrado.

En esos casos, a veces la solución más rápida y más barata a largo plazo es empezar de cero. Rehacer al cien por cien una sección, o incluso una web entera, puede costar menos que ir desenredando errores acumulados línea a línea. Es una decisión difícil de comunicar al cliente, pero es la honesta. Por eso, cuando alguien me trae un proyecto complejo que quiere «baratito y para ya», mi respuesta es directa: necesito unos días para estudiarlo bien, y si no veo clara la viabilidad, no lo acepto. Prefiero eso a prometer lo que no puedo cumplir.

Si estás pensando en crear tu web, lee esto primero

No te voy a dar un tutorial genérico de cómo hacer una página web, porque depende de tantos factores que cualquier respuesta genérica sería inútil o directamente engañosa. Pero sí te puedo dar los consejos que le daría a alguien que empieza, basados en todo lo que yo hice mal antes de hacerlo bien.

Antes de crear una web, hazte estas preguntas

¿Para qué sirve tu web? No «para tener presencia online». Para qué exactamente: ¿para que te llamen? ¿para vender? ¿para que te encuentren en Google? Cada objetivo requiere decisiones técnicas distintas desde el principio, y cambiarlas después siempre cuesta más.

¿Quién la va a mantener? Una web no es un cartel que se cuelga y se olvida. Necesita atención, actualizaciones y seguridad. Si nadie va a encargarse de eso, es un problema desde el día uno. Algo que en PlaneaWeb resolvemos con claridad desde el inicio: te enseñamos a gestionar lo básico para que no dependas de nosotros para cada cambio pequeño.

¿Estás pensando en el SEO desde el principio? El error más común es construir primero y pensar en el SEO después. Cuando llegas a ese punto, muchas decisiones estructurales ya están tomadas y son difíciles de cambiar sin rehacerlo todo. Si tienes un negocio local en la zona, el SEO local es especialmente importante y hay que planificarlo desde la arquitectura de la web.

¿El presupuesto es realista? Una web bien hecha tiene un coste. Si el presupuesto no lo permite, es mejor saberlo antes que descubrirlo cuando el proyecto ya está a medias y hay que empezar de cero.

¿Confías en quien te la hace? No el más barato. No el más rápido. El que te entiende, te hace las preguntas correctas antes de empezar, y te dice la verdad aunque no sea lo que quieres oír. La experiencia de usuario y el resultado final dependen en gran parte de esa relación.

Lo que realmente importa cuando tu web ya está hecha

Supongamos que ya tienes la web. Aquí es donde la mayoría comete el segundo error: pensar que el trabajo ha terminado. Una web que no se actualiza, no se analiza y no se optimiza pierde posiciones, pierde visitantes y pierde clientes. Estas son las cosas que deberías hacer desde el primer mes:

  • Revisar regularmente que no haya errores de rastreo ni páginas rotas.
  • Publicar contenido con regularidad, aunque sea poco. Google valora la actividad constante más que los grandes esfuerzos puntuales.
  • Analizar de dónde vienen tus visitas y qué hacen cuando llegan a tu web.
  • Revisar la velocidad de carga. Una web lenta pierde usuarios antes de que lean la primera línea.
  • Mantener actualizado el gestor de contenidos y los plugins. La seguridad no es opcional.

Lo que aprendí a la fuerza

Si tuviera que resumir en pocas frases todo lo que me ha enseñado este recorrido, sería esto:

  • Una web bonita que nadie encuentra es dinero tirado. El SEO no es un extra, es parte del diseño.
  • El cliente que quiere todo barato y para mañana suele ser el que acaba pagando más, porque hay que rehacer lo que se hizo mal.
  • La tecnología cambia rápido. Lo que no cambia es la necesidad de entender al usuario y resolver su problema.
  • Estudiar más siempre es una buena inversión, aunque en el momento parezca que te retrasa.
  • La honestidad con el cliente, incluso cuando lo que tienes que decir no le gusta, es lo que construye relaciones a largo plazo.

Si tuviera que decirle algo a mi yo de 2009, recién sin trabajo y lleno de dudas sobre qué hacer con mi vida, sería esto: no pierdas más tiempo esperando que las cosas se arreglen solas. Estudia ya DAW (Desarrollo de Aplicaciones Web). Habría llegado antes donde estoy. Pero también habría llegado sin la historia que tengo. Y esa historia es, a fin de cuentas, parte de por qué hago esto como lo hago.

¿Estás pensando en crear o mejorar la web de tu negocio? Cuéntame tu situación y hablamos sin compromiso sobre qué tiene más sentido para ti.


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